Trece cuentas, una pregunta: ¿en qué punto del ciclo está?

El catálogo con el que la Superintendencia de Compañías recibe los estados financieros no pide «inventarios» como una cifra. Pide trece, y la lógica que las separa no es el tipo de producto sino la etapa: qué entró, qué se está transformando, qué está listo y qué todavía viaja.

CódigoCuentaQué registra
1010301Inventarios de materia primaLo comprado para transformar y que aún no entró al proceso
1010302Inventarios de productos en procesoLo que está a medio fabricar al cierre del período
1010303 / 1010304Suministros o materiales a ser consumidosDos cuentas distintas: los del proceso de producción y los de la prestación de servicios
1010305 / 1010306Productos terminados y mercadería en almacénSeparados según si los produjo la compañía o los compró de terceros
1010307Mercaderías en tránsitoYa es de la empresa por las condiciones de compra, pero todavía no llegó
1010308 / 1010309 / 1010310Obras en construcción, obras terminadas y materiales para la construcciónEl inventario de una constructora o inmobiliaria, que no es mercadería
1010311 / 1010312Repuestos, herramientas y accesorios · Otros inventariosLo que sostiene la operación sin ser producto
1010313(-) Provisión por valor neto de realización y otras pérdidas en el inventarioCuenta de signo negativo: reconoce que parte del inventario ya no vale lo que costó

Por qué el inventario decide el margen bruto

En el grupo 51 del plan de cuentas, «costo de ventas y producción», las primeras doce cuentas del subgrupo 5101 son inventarios inicial y final con su signo declarado: el inicial suma, el final resta, tanto para bienes no producidos por la compañía como para materia prima, productos en proceso y productos terminados. Esa es la fórmula clásica del costo de ventas escrita en cuentas.

La consecuencia es aritmética y conviene tenerla presente antes del cierre: si el inventario final queda sobrevalorado, el costo de ventas baja y la utilidad del ejercicio sube sin que se haya vendido más; si queda subvalorado, ocurre lo contrario. Y el efecto no se queda en un año, porque el inventario final de un ejercicio es el inicial del siguiente: el error se invierte al año siguiente y descuadra la comparación entre los dos períodos.