Los tres requisitos de un activo

Para que algo figure como activo tienen que cumplirse tres condiciones a la vez: que sea un recurso controlado por la empresa, que ese control provenga de un hecho ya ocurrido y que se espere obtener de él beneficios económicos futuros. Los tres importan y el que más se pasa por alto es el segundo.

De ahí salen respuestas a preguntas frecuentes y contraintuitivas. Un contrato firmado que promete ventas el año próximo no es un activo: el hecho todavía no ocurrió. Una máquina arrendada bajo ciertas condiciones sí puede serlo aunque no sea propia, porque lo relevante es el control y no la propiedad. Y el equipo humano, por valioso que sea, no figura: la empresa no lo controla en el sentido contable.

Corriente y no corriente

TipoQué agrupaEjemplos
Activo corrienteLo que se espera convertir en efectivo o consumir dentro del ciclo normal de operaciónCaja y bancos, cuentas por cobrar, inventarios, gastos pagados por anticipado
Activo no corrienteLo que permanece y sirve a la operación durante varios períodosTerrenos, edificios, maquinaria, vehículos, intangibles, inversiones de largo plazo

La división no es un formalismo de presentación: es la base de los indicadores de liquidez. La liquidez corriente compara activo corriente con pasivo corriente, y la prueba ácida repite el ejercicio quitando los inventarios, que son la parte del activo corriente que puede tardar más en volverse dinero. Una empresa con liquidez cómoda y prueba ácida ajustada está avisando que su solvencia de corto plazo depende de vender existencias.

Lo que el balance no corrige solo

Dos partidas del activo tienden a estar sobrevaloradas si nadie las revisa. La primera son las cuentas por cobrar: una factura vencida hace dos años sigue figurando por su valor completo mientras no se reconozca su deterioro, y eso infla el activo y el patrimonio con dinero que no va a llegar. La segunda son los inventarios obsoletos, que ocupan bodega y figuran en el balance al costo al que se compraron.

Revisar esas dos partidas una vez al año no es un ejercicio contable: es la forma más barata de saber si el activo que aparece en el balance existe de verdad. Y suele ser incómodo, porque reconocer un deterioro reduce la utilidad del período en que se reconoce, no en el que se produjo.