El 14 de marzo de 2006, Amazon puso a la venta algo que no se podía despachar en una caja: espacio para guardar archivos ajenos. Costaba 15 centavos de dólar por gigabyte al mes y 20 centavos por gigabyte transferido, sin cuota mínima. El servicio se llamó S3, y el comunicado de lanzamiento decía que daba a cualquier desarrollador acceso a «la misma infraestructura» de almacenamiento con la que Amazon operaba su propia red mundial de sitios web.

Cinco meses después, el 25 de agosto, el blog oficial de la división anunció EC2 en una prueba limitada: un servidor virtual equivalente a un procesador de 1,7 GHz con 1,75 GB de memoria y 160 GB de disco, a 10 centavos la hora. Con esos dos productos, una tienda de libros y electrónica empezó a alquilar la maquinaria sobre la que funcionaba.

Nueve años sin una cifra propia

Durante casi una década, quien quisiera saber cuánto vendía ese negocio tenía que estimarlo. Amazon informaba dos segmentos, Norteamérica e Internacional, y los servicios de infraestructura quedaban dentro. Eso cambió en el primer trimestre de 2015, cuando la compañía separó a Amazon Web Services como tercer segmento y recalculó hacia atrás las cifras de 2013 y 2014 en su informe anual, el formulario 10-K que presenta ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos.

En el informe de 2014, el último antes del cambio, AWS aparecía en la misma frase que la logística para vendedores externos, la publicidad y las tarjetas de crédito de marca compartida, como uno más de los otros servicios de la compañía. Desde 2015 tiene definición propia: lo que Amazon cobra por cómputo, almacenamiento, bases de datos y otros servicios a empresas emergentes, grandes compañías, entidades de gobierno e instituciones académicas de todo el mundo.

Las primeras cifras publicadas fueron estas: 3.108 millones de dólares de ventas en 2013, 4.644 millones en 2014 y 7.880 millones en 2015, con un resultado operativo de 673, 660 y 1.863 millones. Las ventas crecieron 49,4 % en 2014 y 69,7 % en 2015. El resultado de 2014 quedó por debajo del de 2013 aunque el segmento vendió casi la mitad más.

Quien compare series debe saber una cosa. Desde el informe de 2017, Amazon carga a cada segmento la compensación en acciones de su personal, que antes dejaba fuera. Con ese criterio, el resultado de AWS en 2015 baja de 1.863 a 1.507 millones. Las cifras que siguen usan la definición nueva.

Diez años en los informes anuales

Entre 2015 y 2025, las ventas de AWS pasaron de 7.880 a 128.725 millones de dólares. Se multiplicaron por 16,3, un 32,2 % anual compuesto: el segmento superó los 25.000 millones en 2018 y los 100.000 millones en 2024. En el mismo período, su peso en las ventas de Amazon subió del 7,4 % al 18 %.

El resultado cuenta otra historia. En 2025 AWS ganó 45.606 millones en operación, el 57 % de los 79.975 millones de toda la compañía, vendiendo menos de la quinta parte. En dos años ganó más que Amazon entera: en 2017, 4.331 millones frente a 4.106, y en 2022, 22.841 millones frente a 12.248, cuando los dos segmentos de comercio perdieron en conjunto 10.593 millones.

El margen operativo de AWS, que es su resultado dividido para sus ventas, se movió entre 24,8 % y 29,8 % de 2016 a 2023 y subió al 37 % en 2024 y al 35,4 % en 2025. El crecimiento se fue moderando: 28,8 % en 2022 y 13,3 % en 2023, con un repunte a 18,5 % y 19,7 % en los dos años siguientes.

La cuenta que el resultado no muestra

El resultado operativo no dice cuánto cuesta tener lista la capacidad. Para eso hay que ir a otra tabla del mismo informe: las adiciones de activo fijo por segmento, donde entran servidores, centros de datos y redes. En 2013, Amazon sumó 2.215 millones de dólares en activos para AWS. En 2014, 4.295 millones, 6,5 veces lo que el segmento ganó ese año.

La proporción volvió a subir con la última ola de inversión. En 2023 las adiciones de AWS fueron de 24.843 millones, casi lo mismo que su resultado. En 2024 llegaron a 53.267 millones y en 2025 a 96.496 millones, 2,1 veces la ganancia operativa del segmento. Al cierre de 2025, el activo fijo neto de AWS sumaba 190.055 millones de dólares, más que los 152.675 millones de los dos segmentos de comercio juntos.

Puesto en perspectiva: el activo fijo neto del segmento era de 8.356 millones al cierre de 2015. En diez años se multiplicó por 22,7, más rápido que sus ventas, que lo hicieron por 16,3. Cada dólar vendido por AWS necesita hoy más capital instalado que hace una década.

Hay un límite más para leer estas cifras, y lo declara el propio informe: los activos de infraestructura tecnológica se reparten entre los segmentos «según su uso», con la mayor parte asignada a AWS. La tienda también corre sobre esos servidores. Cuánto paga cada negocio por lo que usa es una regla interna de Amazon, y el resultado de cada segmento depende de ella. Con la información pública no se puede separar cuánto de la ganancia de AWS viene de clientes externos y cuánto de la propia Amazon. Los informes revisados tampoco publican el número de clientes ni el margen de cada servicio.

Nuestra lectura: se vendió un producto, no un sobrante

La explicación más repetida dice que Amazon tenía servidores de sobra y decidió alquilarlos. Los documentos de 2006 cuentan algo distinto. S3 salió con precio publicado, sin mínimo, con interfaces estándar y, según el comunicado, construido a propósito con pocas funciones para que fuera simple y robusto. Estaba pensado para un usuario que nunca iba a hablar con un ingeniero de Amazon. Lo que se puso en venta fue una capacidad empaquetada para un cliente externo.

El precio también lo muestra. Quince centavos por gigabyte y diez por hora de servidor eran tarifas por unidad de uso que cualquiera podía multiplicar por su propio volumen sin pedir una cotización ni firmar un contrato. Esa forma de cobrar exige que la capacidad esté medida al detalle, algo que un área interna rara vez hace con lo que presta a su propia empresa.

El caso es el espejo del de Apple y el M1. Apple llevó a casa una pieza que compraba; Amazon sacó a la venta algo que hacía en casa. En los dos, la capacidad llevaba años en uso antes de la decisión que la volvió visible.

La otra lección está en la tabla que menos se cita. Vender capacidad obliga a construirla antes de que llegue la demanda, y en los años de expansión la inversión supera con holgura la ganancia del negocio. AWS acumula una década de márgenes altos y, aun así, en 2025 sumó activos por el doble de lo que ganó. Una empresa que quiera alquilar lo que hace para sí misma tiene que poder financiar esa diferencia.

Antes de vender lo que su empresa hace para sí misma

Muchas empresas ecuatorianas tienen una capacidad interna por la que otros pagarían: la flota que distribuye, la bodega con frío, el laboratorio de control de calidad, el equipo que desarrolla su software. Las fichas de DIREVOZ de almacenamiento y apoyo al transporte y de programación y consultoría informática muestran qué compañías del país viven de vender justamente eso. Antes de abrir la suya a terceros, estas preguntas piden números:

  • ¿Funciona sin la gente que la creó al lado? Un cliente externo no tiene a quién llamar en el pasillo.
  • ¿Tiene un precio por unidad que el cliente entienda y pueda comparar con el de un proveedor especializado?
  • ¿Quién tiene prioridad el día que un cliente grande y su propia operación pidan la misma capacidad al mismo tiempo?
  • ¿Cuánto hay que invertir antes de que llegue la demanda, y durante cuántos años puede sostener una inversión mayor que lo que el negocio nuevo gana?
  • ¿Con qué regla va a repartir los costos que el negocio nuevo comparte con el de siempre? Esa regla decide cuál de los dos parece rentable.
  • ¿Qué parte de su ventaja depende de que solo usted tenga esa capacidad? Al venderla, también la pone al alcance de su competencia.

Amazon tardó nueve años en mostrar las cifras de AWS por separado. Una empresa mediana puede hacerlo desde el primer mes con una cuenta propia para el negocio nuevo y una tarifa escrita de cuánto paga la operación de siempre por lo que usa.