Cuando una empresa necesita capital de trabajo o plazo para invertir, lo primero que hace es llamar a su banco. El mercado de valores ofrece otra puerta: vender partes de su deuda a muchos inversionistas a través de una bolsa. Antes de cruzarla hay que saber qué exige, cuánto cuesta y para qué empresa compensa.
Un mercado de deuda
El tamaño del mercado ayuda a ubicar la respuesta. Según la Bolsa de Valores de Quito, el mercado ecuatoriano negoció 18.227,6 millones de dólares en 2025, 15,71 % más que en 2024. Casi todo fue renta fija: 99,2 %, según el boletín del gremio de casas de valores, Asocaval, que reparte el total en 58 % de valores del sector público, 32 % del sector financiero y 10 % del sector real. Ese 10 % —alrededor de 1.800 millones de dólares en papel comercial, obligaciones y titularizaciones— es lo que las empresas productivas usaron para financiarse. Para una compañía ecuatoriana, la bolsa es sobre todo un lugar donde endeudarse; las acciones son casi una rareza.
Tres instrumentos y sus reglas
El marco está en el Libro II del Código Orgánico Monetario y Financiero, la Ley de Mercado de Valores, y en la codificación de resoluciones que dicta la Junta de Política y Regulación Financiera y Monetaria, actualizada el 7 de septiembre de 2026. Hay tres instrumentos de deuda al alcance de una empresa.
Las obligaciones son valores de deuda a cargo del emisor. Si vencen en más de 360 días son de largo plazo; si vencen antes, son papel comercial (artículo 160). La junta general de accionistas o de socios resuelve la emisión (artículo 164) y el contrato se firma por escritura pública con un representante de los obligacionistas, que vigila la emisión en nombre de los tenedores. Toda emisión está respaldada por una garantía general —los activos de la empresa no gravados— y puede sumar una garantía específica, como una hipoteca, una prenda o un fideicomiso (artículo 162). La tasa de interés es de libre contratación.
El papel comercial se emite dentro de un programa: la Superintendencia de Compañías, Valores y Seguros concede un cupo revolvente con un plazo de oferta pública de hasta 720 días, y dentro de él la empresa emite, paga y vuelve a emitir según sus necesidades de caja. Es el instrumento del capital de trabajo.
La titularización funciona de otra manera. La empresa, llamada originador, transfiere a un fideicomiso mercantil activos o flujos que generan dinero —cartera de crédito, inmuebles, derechos de cobro sobre ventas futuras esperadas— y es ese patrimonio autónomo el que emite los valores (artículos 138 a 143). Los inversionistas solo pueden cobrar de ese patrimonio, que los acreedores del originador no pueden embargar (artículo 141). A cambio, la estructura debe llevar mecanismos de garantía —subordinación, sobrecolaterización, exceso de flujo, sustitución de activos, líneas de crédito o avales (artículo 150)— que cubran al menos 1,5 veces el índice de siniestralidad o de desviación de los flujos, y el plazo no puede ser inferior a un año, según la codificación.
Los tres comparten los requisitos de toda oferta pública (artículo 12): calificación de riesgo emitida por una calificadora inscrita, inscripción del emisor y de los valores en el Catastro Público del Mercado de Valores, y un prospecto o circular aprobado por la Superintendencia. El representante legal declara bajo juramento que la información es fidedigna y responde penal y civilmente por ella (artículo 14). La Superintendencia tiene un término de quince días para resolver una solicitud completa; si no se pronuncia, la solicitud se entiende aprobada. La autorización dura nueve meses y admite una sola prórroga.
Los límites los pone el balance. El monto máximo de una emisión de obligaciones o de un programa de papel comercial es el 80 % de los activos depurados: el total de activos menos los diferidos, los gravados, los que están en litigio, las impugnaciones tributarias, los derechos fiduciarios de garantía, las cuentas por cobrar a relacionadas ajenas al negocio, las inversiones en vinculadas que no cotizan y lo que la empresa ya tiene emitido. Además, según la redacción vigente desde mayo de 2025, el conjunto de lo que una empresa tiene en circulación —obligaciones de largo y corto plazo, titularizaciones de flujos futuros y facturas comerciales negociables que acepta como deudora— no puede superar el 200 % de su patrimonio, salvo que el exceso se cubra con garantías específicas de al menos 120 %.
Para las pequeñas y medianas empresas existe un segmento propio, el Registro Especial Bursátil. Pueden usarlo las pequeñas, con ventas anuales de 300.001 a 1 millón de dólares, y las medianas, con ventas de 1.000.001 a 5 millones; si el número de trabajadores no coincide con el rango, prevalecen las ventas. Las reglas son más ligeras: la calificación de riesgo es voluntaria, el contrato de emisión puede ser un documento privado, un comité de al menos tres tenedores reemplaza al representante de obligacionistas y los emisores no pagan derechos de inscripción ni de mantenimiento en el Catastro ni en las bolsas. La contrapartida es que solo pueden comprar esos valores los inversionistas institucionales y los calificados, y la emisión debe mantener sus activos libres de gravamen en al menos 125 % de las obligaciones en circulación.
Lo que cuesta, según dos prospectos
La codificación obliga a cada prospecto a declarar los gastos de la emisión en dólares y como porcentaje del monto. El costo de salir a bolsa, por lo tanto, se puede leer en documentos públicos.
El prospecto de la décima emisión de obligaciones de Ferro Torre S.A., publicado en julio de 2026 por la casa de valores que la estructura, describe una emisión de hasta 8 millones de dólares a 1.080 días, con tasa fija de 6,00 % anual, intereses cada 90 días, capital cada 180 días, calificación AAA, solo garantía general y destino declarado del 100 % a sustituir pasivos financieros. Sus gastos declarados suman 83.555 dólares, 1,04 % del monto: 28.500 para la casa de valores por estructurar y colocar, 28.200 para la bolsa, 14.000 para la calificadora, 4.800 para el agente de pago, 4.500 para el representante de obligacionistas, 2.500 para la Superintendencia y 1.055 de notaría. Los 2.500 dólares de la Superintendencia son el tope de los derechos de inscripción, que se cobran al 0,5 por mil del monto.
El costo no es solo el cupón. Con los flujos que describe el prospecto —recibir 8 millones menos los gastos, pagar intereses trimestrales de 1,5 % sobre el saldo y devolver un sexto del capital cada semestre—, la tasa efectiva anual para la empresa es de 6,81 %, frente a 6,14 % si no existieran gastos. Es un cálculo de DIREVOZ con esos supuestos; no incluye costos que el cuadro no declara, como la auditoría externa o el tiempo del equipo financiero.
Un programa más pequeño muestra otra proporción. La circular de oferta pública del segundo programa de papel comercial de Drillcotec Cía. Ltda., publicada en la Bolsa de Valores de Guayaquil, describe un cupo de 2,2 millones de dólares, valores de hasta 359 días emitidos sin cupón y negociados con descuento, calificación AA+ y ningún contrato de colocación garantizada. Sus gastos declarados suman 45.120 dólares, 2,05 % del programa: 0,80 % por colocación, 0,59 % por estructuración, 0,34 % para la calificadora —con sus actualizaciones semestrales incluidas— y el resto en representante, bolsa, inscripción, desmaterialización y notaría. Si la empresa usa todo el cupo durante los 720 días del programa, esos gastos equivalen a cerca de un punto porcentual por año sobre el descuento que pague a los inversionistas; si lo usa menos, pesan más.
La tasa que exige el mercado completa el cuadro. Un estudio publicado en X-Pedientes Económicos, la revista de la Superintendencia de Compañías, con datos de la Bolsa de Valores de Guayaquil, contó 6.258 negociaciones de obligaciones de empresas del sector real entre enero y el 8 de diciembre de 2025, por 798,01 millones de dólares, con una tasa promedio de 9,01 % y un plazo promedio de 3,38 años. En 2019 la tasa promedio fue 8,12 %. El estudio encuentra rendimientos cercanos a 10,3 % en la categoría A- y un mercado secundario poco profundo.
Como referencia, no como comparación exacta, las tasas activas efectivas referenciales que publicó el Banco Central para agosto de 2026 fueron 6,79 % en el crédito productivo corporativo, 8,62 % en el empresarial y 9,18 % en el de pymes. Son promedios de otro período y de otro instrumento. Puestos juntos, los números desmienten la idea de que la bolsa sea, por regla, más barata que el banco.
Las condiciones que vienen con el dinero
Mientras haya obligaciones en circulación, la empresa debe mantener tres resguardos: activos realizables —los que pueden convertirse en efectivo— iguales o mayores que sus pasivos, no repartir dividendos si hay obligaciones en mora, y activos depurados de al menos 1,25 veces las obligaciones en circulación. Incumplir el último permite declarar de plazo vencido toda la emisión. Tampoco puede cambiar su objeto social, fusionarse, escindirse ni transformarse sin autorización de la asamblea de obligacionistas, y no puede usar el dinero para comprar acciones de empresas vinculadas ni para pagar deudas con ellas.
La información deja de ser privada. El prospecto publica los estados financieros, la estructura del negocio, los gastos de la emisión y los accionistas con más del 10 % del capital; después, la empresa debe divulgar todo hecho relevante que pueda influir en la decisión de un inversionista (artículo 25), y la inscripción en el mercado de valores obliga a llevar las NIIF completas. Para muchas empresas familiares, ese es el costo más alto, y no aparece en el cuadro de gastos.
La colocación no está garantizada: si en los nueve meses de la autorización y su prórroga los inversionistas no compran, la empresa pagó la estructuración sin recibir el dinero, salvo que haya contratado una colocación garantizada. Y la aprobación de la Superintendencia tampoco opina sobre la empresa: la ley obliga a que cada prospecto diga que no implica recomendación ni pronunciamiento sobre su solvencia (artículo 15).
El marco, además, puede cambiar. Un proyecto de reforma al Libro II que permitiría a las entidades financieras privadas actuar como intermediarias de valores y a los inversionistas institucionales operar directamente pasó el primer debate en la Asamblea Nacional el 2 de julio de 2026; la Comisión de Régimen Económico preparaba el informe para el segundo debate, y las bolsas de Quito y Guayaquil han advertido públicamente sobre sus riesgos. Mientras no se apruebe y publique, las reglas son las descritas aquí.
Nuestra lectura: el filtro es la disciplina
El mercado de valores suele presentarse como una alternativa más barata que el banco. Los documentos no sostienen esa idea como regla. Lo que la bolsa ofrece a una empresa es plazo, tasa fija y una base de acreedores más amplia; el precio es la disciplina: un balance que resista los límites de 80 %, 1,25 y 200 %, y una transparencia que la mayoría de empresas medianas nunca ha practicado. Por eso el sector real pesa apenas una décima parte del mercado. El cuello de botella está en cuántas empresas pueden mostrar sus números y sostener esos resguardos durante tres o cuatro años; la tasa pesa menos.
Los dos prospectos revisados sugieren que los costos de salir pesan más cuanto más pequeña es la emisión: 1,04 % para 8 millones y 2,05 % para 2,2 millones. Dos casos no son una muestra, pero la calificación, la estructuración y el representante tienen un componente fijo. Para una emisión de un par de millones, el Registro Especial Bursátil, sin derechos de inscripción y con calificación voluntaria, cambia esa aritmética, aunque reduce el universo de compradores. La reforma en debate discute quién intermedia; no toca lo que se le exige al emisor, que es lo que decide si una empresa puede entrar.
Seis preguntas antes de llamar a un estructurador
- ¿Cuánto puede emitir? Calcule sus activos depurados y el 80 % antes de contratar a un estructurador, y súmele lo que ya tenga en circulación frente al 200 % de su patrimonio.
- ¿Soportaría la relación de 1,25 entre activos depurados y obligaciones en su peor año de los próximos tres, además del actual?
- ¿Está lista para publicar? Estados financieros auditados bajo NIIF completas, accionistas identificados y un responsable que informe los hechos relevantes a tiempo.
- ¿Cuál es el costo total? Pida el cuadro de gastos del prospecto y calcule la tasa efectiva con los flujos reales de pago, con el cupón y con todo lo demás.
- ¿Qué necesita financiar? Capital de trabajo que rota cabe en un programa de papel comercial; una inversión de varios años pide obligaciones; si tiene cartera o flujos separables del resto del negocio, la titularización permite apalancarse en ellos y no en todo el balance.
- Si es una pyme, ¿le conviene el Registro Especial Bursátil, sabiendo que solo le comprarán inversionistas institucionales y calificados?
Quien responde bien las tres primeras tiene medio prospecto hecho. Quien no, ya sabe qué ordenar primero.




