Hay una cifra que no aparece en las notas de prensa sobre la economía ecuatoriana y que ordena mejor una decisión de inversión que cualquier proyección: cuántas empresas se reparten la facturación de un sector.
El dato es público. Sobre las 95.050 compañías que declararon ingresos en el ejercicio 2025 a la Superintendencia de Compañías, el comercio al por mayor y menor suma 71.990 millones de dólares repartidos entre 23.699 empresas. La explotación de minas y canteras llega a 9.090 millones con 702. En el primer caso el tamaño medio ronda los tres millones; en el segundo, los trece. Y en las actividades profesionales, científicas y técnicas —13.466 compañías para 3.970 millones— el promedio cae a unos 295.000 dólares.
Esa aritmética elemental describe tres formas de competir que no se parecen en nada. En un sector atomizado, la ventaja es el costo, la cercanía al cliente y la velocidad; nadie fija precios y una subida de insumos se come el margen porque no se puede trasladar. En un sector concentrado, la ventaja es la escala, el acceso a capital y la capacidad de aguantar años sin ingreso —una mina no factura durante la exploración—, y el riesgo no es el competidor de al lado sino el precio internacional.
El error caro es aplicar la estrategia equivocada. Entrar a un sector atomizado con estructura de costos de empresa grande es garantizar la pérdida; entrar a uno concentrado con capital de empresa pequeña es financiar la exploración de otro. Ninguna de las dos cosas se descubre leyendo el crecimiento del PIB.
Hay un segundo nivel de lectura, que es la concentración dentro del propio sector. En información y comunicación, una sola compañía —Conecel— aporta 1.031 de los 4.440 millones del sector: casi una cuarta parte. En minería, Aurelian y Ecuacorriente suman 3.407 de 9.090 millones entre las dos. En mercados así, hablar de «la media del sector» describe mal a casi todos sus integrantes, y cualquier benchmark construido sobre esa media conduce a conclusiones falsas.
El tercer nivel es el vínculo con esos grandes. En un sector donde dos o tres compañías concentran un tercio de la facturación, la pregunta que decide la supervivencia de una empresa mediana no es cuánto crece el mercado, sino si su negocio depende de una de ellas como cliente o como proveedor. Esa dependencia no aparece en ningún estado financiero y es el riesgo más real que tienen muchas pymes ecuatorianas.
Nada de esto exige una consultoría. Exige mirar dos columnas —ingresos del sector y número de compañías— antes de mirar la tercera, que es la del titular. El orden de lectura es la decisión.



