Cuando se analiza la capacidad exportadora del Ecuador por sector económico, la lectura habitual toma la agricultura, ganadería, silvicultura y pesca y se detiene ahí. Es un buen punto de partida y un mal punto de llegada.

Los datos del ejercicio 2025 muestran ese sector con 21.210 millones de dólares de ingresos en 4.687 compañías, el tercero del país. Las tres primeras son camaroneras y pesqueras: Industrial Pesquera Santa Priscila con 1.649 millones, Omarsa con 781 y Naturisa con 399. Hasta ahí, la foto confirma lo que se sabe sobre la composición exportadora del país.

El problema está en dónde corta la clasificación. La CIIU distingue entre producir una materia prima y transformarla, de modo que congelar, empacar, refinar o convertir en derivado es industria manufacturera aunque el producto salga del mismo predio y del mismo negocio. En la tabla de manufactura aparecen, precisamente, Pronaca con 1.133 millones, Sociedad Nacional de Galápagos con 819 y La Fabril con 662: tres compañías cuya materia prima es agropecuaria.

La consecuencia es que cualquier análisis de la cadena exportadora que mire un solo sector deja fuera la mitad del valor. Y la parte que deja fuera suele ser justamente la que más margen agrega, porque el salto de precio entre la materia prima y el producto procesado es donde se juega la rentabilidad de toda la cadena.

Para una empresa que evalúa entrar a exportar, esto tiene una traducción concreta. Dimensionar el mercado por el sector primario subestima la competencia real: quien compite no es solo el productor, sino el productor integrado que también procesa. Y una estrategia de exportación de materia prima sin procesamiento compite en el tramo de la cadena donde el precio lo fija el mercado internacional y el margen es más delgado.

Hay además una precisión que conviene hacer al leer estas cifras: el registro societario recoge ingresos totales de cada compañía, no exportaciones. Una empresa puede facturar mucho vendiendo dentro del país. Para medir exportación hay que ir a las estadísticas de comercio exterior del Banco Central y a los registros aduaneros, que es otra fuente y otra unidad de medida.

La lectura combinada de ambas fuentes —quién factura según el registro societario y qué sale del país según aduana— es la que da una imagen razonable. Cada una por separado responde una pregunta distinta, y usarlas indistintamente es la causa más común de conclusiones equivocadas sobre el sector externo ecuatoriano.